sábado, 17 de septiembre de 2011

PARQUE HERNÁNDEZ






Vista aérea del Parque Hernández


Uno de los paseos del Parque Hernádez

Dibujo del Parque Hernández


Competición ciclista en el Parque Hernández


Paseo del Parque Hernández

En 1871 el Río de Oro no seguía el curso actual, sino que iniciaba un giro a la altura del actual puente de Camellos, discurriendo sus escasas aguas por los terrenos que hoy ocupan el Parque Hernández y la Plaza de España, y su desembocadura en el mar lo hacía por el espacio donde se situa el Club Marítimo.
Fue un 22 de diciembre cuando dieron comienzo las obras de desviación del mencionado río y dos meses y medio después, concretamente el 7 de marzo de 1872 comenzaron a correr las aguas del Río de Oro por su nuevo cauce, entre los cerros de San Lorenzo y Tesorillo Chico. Un paraje conocido por “La Pasadilla”, para desembocar entre las playas de San Lorenzo y los Cárabos.
Los trabajos efectuados consistieron en la apertura de un canal de 650 metros de longitud por 16 metros de anchura, con un desnivel de 2, 30 metros. El costo de las obras fue de 45.000 pesetas de entonces. Con las tierras que se extrajeron para formar el nuevo cauce del río, se rellenó el antiguo. A continuación se procedió a la tala de los espesos cañaverales existentes en las viejas márgenes, formándose un extenso campo enfrente de la Puerta de Santa Bárbara, con desniveles de dos y tres metros de profundidad. Estos terrenos fueron utilizados por las tropas como campo de instrucción, pero con el paso del tiempo la población acabó convirtiéndolo en un auténtico vertedero, insalubre y repulsivo a la vista.
En septiembre de 1899 tomó posesión de la Comandancia General de Melilla Venancio Hernández Fernández, quien a sus magníficas dotes de mando unidó a una buena política con el campo fronterizo y gran empaño en la ardua empresa de embellecer nuestra ciudad. Como primera medida para sanear la zona de terreno convertida en basurero, ordenó al ingeniero militar de la Junta de Arbitrios, Vicente García del Campo, realizar un proyecto de parque forestal. Una sabia decisión que fue objeto de incredulidad e incomprensión de muchas gentes que no tenían fe en aquella empresa por las pésimas condiciones que ofrecía el árido suelo de Melilla, azotado por constantes y violentos temporales de duro y seco Poniente, y ponían en duda que pudieran arraigar árboles y plantas.
Sin presupuesto especial, sufragándose los gastos con cargo a los de entrenamiento de la Junta, dieron comienzo los trabajos de nivelación del terreno. Se construyó una pequeña presa provisional en el río, próxima al arroyo de Farhana, desde la que se trajo una conducción de agua para el regadío del futuro parque. Se trazaron los paseos, las calles, las dos rotondas y se procedió a la plantación del arbolado. Los incrédulos, al fin, se convencieron de la posibilidad de realizarse la transformación ideada por el general Hernández En un principio solamente era forestal, no existían zonas ajardinadas, únicamente árboles de especies diversas, algunas de imposible acilimatización, por lo que hubo permanentes cambios de aquellas, pues el terreno esta mal dotado para la supervivencia de plantas venidas de fuera. Juntto al parque se instaló un vivero(en lo que hoy es calle del teniente coronel Seguí y una promoción de viviendas con garajes, la mayoría públicos y de propiedad de la Ciudad Autónoma de Melilla,), vivero que permaneció gasta 1919 en que se trasladaron al espacio previsto para parque escolar de las Escuelas Graduadas en lo que hoy es Instituto Leopoldo Quiepo y edificio de la AIIS.
En la reunión de la Junta de Arbitrios celebrada el 15 de mayo de 1902 y presidida por el segundo jefe, Antonio Monroy. El vocal auditor, Fausto Manzanaque recordó a los presentes que hacía tiempo el vocal Jefe de Sanidad, José Lacalle, propuso se diera el nombre de Hernández al nuevo parque. Y que era el momento adecuado, por la ausencia del comandante general de Melilla que a ello se oponía, para tomar dicho acuerdo. Sometida a deliberación la incitativa, se aceptó confirmare su denominación al paseo y alameda ya conocido por todos como Hernández.
El 18 de mayo de 1902 con ocasión de celebrarse la coronación de de Alfonso XIII se abrió al público este parque que aún no contaba con muros ni puertas. En este mismo año comenzó a perder casi la mita de su extensión al urbanizarse el entorno, al autorizarse la construcción del Barrio de Alfonso XIII, comenzándose a levantar en terrenos tomados al Parque Hernández, quien, de esta forma, pierde un tercio de su extensión original, es decir, la parte comprendida entre la calle de Sotomayor y la de Isabel la Católica. También por el este, al cederse a la JOP terrrenos para la construcción del nuevo puerto, los viveros pierden parte de su extensión. De esta forma, el parque queda reducido a sus dimensiones originales mas una rotonda en la que estuvo instalada la Farola del Homenaje (1) y que se encontraba en la base del parque frente a la calle Carlos de Arellano, rotonda que fue eliminada durante la República, no sin grandes protestas por parte de la opinión pública. Con sus nuevas dimensiones el parque tomaba ciertamente una forma similar al de un cañón antiguo, lo cual no significa, tal como se suele creer en Melilla, que fuera un homenaje al General Hernández como artillero, pues el general pertenecía al Arma de Infantería.
Muy bien acogido por la población melillense, el contraste, con toda lógica, debió de ser formidable. Hasta entonces la población utilizaba como humilde remedo de parque el Huerto de las Cañas, a la derecha del río, situado en lo que hoy es Cuartel del Generalísimo, lugar de perefrinación en los días festivos pero evidentemente demasiado lejano y como consecuencia demasiado inseguro, aun contando con la protección del fuerte de Camellos.
El nuevo parque desplazó como era de esperar las actividades lúdicas de la plaza. Fiestas patronales y carnavales, anteriormente celebradas en la Marina, tuvieron que repartirse entre ambos lugares, y definitivamente, al instalarse las vías del ferrocarril para la construcción del puerto en el paseo del muo X, las festividades quedaron centrads exclusivamente en e parque. En aquellos días el paseo central se constituía en eje de los festejos levantándose casetas, instalándose juegos y cucañas, salpicándose aquí y allá de puestecitos de chucherías para los niños, e indefectiblemente visto en todas partes el vendedor de la “cuajaíta”, refresco típico veraniego hasta que el helado fue acabando poco a poco con él. Los organismos civiles y militares rivalizaban con la construcción de sus casetas, entre las que nunca faltaban las del Casino Militar y del Casino Español; las casetas del Parque Hernández fueron espectáculo obligado durante bastantes años.
Si bien el parque era lugar de paseo diurno, la falta de luz y, sobre todo, la falta de seguridad por la carencia de vigilancia hacían desaconsejable su utilización por la noche, siendo raro el que se arriesgara a utilizarlo en aquellas horas, ni siquiera como lugar de paseo para el Barrio de Alfonso XIII, utilizándose parra ello la carretera del Buen Acuerdo, a la derecha del mismo.
El parque fue, así mismo, testigo de los primeros pinitos deportivos en Melilla, al menos de forma organizada. Sucedió allá por 1905. La población tenía ya cierta entidad, por lo que la formación de un club deportivo se estaba haciendo esperar. Lo chocante fue que la iniciativa partiera del elemento femenino de la ciudad, si tenemos en cuenta que para la opinión pública las actividades deportivas eran consideradas más bien cosas de adanes que de evas, por lo que no estaba bien visto que las mujeres dedicaran sus esfuerzos a estos menesteres. Así y todo, y entre la rechifla de los hombres que con les auguran un brillante porvenir, las entusiastas fémeninas fundan el Melilla Sporting Club con el apoyo solitario e incomprendido el capitán de Administración Militar don Antonio Pezzi quien, al parecer, tenía confianza en el impulso de las activas señoras. La Junta concedió a la neonata sociedad un trocito del parque al final del mismo, frente a lo que hoy es la Comandancia Gneral de Melilla, entonces pabellones militares. Así comenzó la práctica del “sport” en Melilla. En principio solo a base de “lawn tennis” y ”skating”, las actividades deportivas entusiasmaban a la primera señora de Tur quien exclamaba, con rara habilidad poética:
Dios mío, está Melilla
lo mismo que London
pues funda sociedades
y se entrega al sport

No se pude decir más de Melilla en menos palabras. Buen anticipo del age futuro de la ciudad.
A pesar de la buena voluntad de las damas, y tal como vaticinaban los agoreros, el Club se fue consumiendo y desapareció al poco tiempo sin pena ni gloria. Se habían anticipado demasiado a los tiempos, la iniciativa era demasiado prematura.
Desde 1905 hasta 2007 y con algunas interrupciones el recinto del Parque Hernández se ha venido engalanando con motivo de las celebraciones de los festejos patronales de la ciudad, estando en este parque las casetas de comidas mientras que las atracciones se montaban en los carriles de circulación que en esos días estaba cortado al tráfico rodado.
En los primeros años del siglo XX y a falta de lugares de diversión se instalaban casetas incluso en los inicios del verano. Tiempo después esta tradición fue recuperada por el Municipio que durante las primaveras y veranos abría al público el Parque de Espectáculos en la parte alta del parque, donde hasta ase pocos años se ubicaba la Caseta Oficial.
En 1906 comenzó la urbanización del parque, muy necesaria por ser el terreno irregular al estar la tierra sin asentar. Los trabajos fueron fueron inútiles pues la célebre inundación de septiembre de ese año el parque quedó completamente arrasado, teniéndose que volver a comenzar las obras.
En 1907 se le dotó de un templete para la música. Desde entonces y durante muchísimos años las bandas de música de los regimientos de Infantería se turnaron para dar conciertos, muy celebrados por el numeroso público asistente y espectáculo habitual de la vida cotidiana de la ciudad.
Al urbanizarse la explanada de Santa Bárbara con la construcción de la Plaza de España (pagina), la entrada del Parque Hernández no armonizaba con el empaque de aquella. Por ello la Junta decidió levantar una portada en consonancia con la categoría del entorno, y así, en 1914, se terminó el cerramiento y portada que es, básicamente el que tenemos ahora. En la esquina N. E. (Noroeste) se levanta un bar de planta cuadrada, bar que según las épocas se ha llamado, Preferido y Gambrinos, teniendo de nombre oficial Central e Ithaca, y que supuso una atracción más que añadir a las ya existentes; entre ellas una gran pajareria y un magnífico estanque de patos.
Con la construcción del centro de la ciudad y la desaparición del paseo tradicional del muro X, el parque pasa a ser el lugar preferido de los melillenses, especialmente de lo que podríamos llamar, con riesgo de equivocarnos, la alta sociedad, quien comienza a demarcar dentro de aquel sus lugares de esparcimiento estrictamente separados por ley no escrita de los utilizados por el común. La ley que establece la costumbre ordena que la apertura oficial del parque como lugar de recreo veraniego sea el 20 de junio; a partir de esa fecha el paseo se convierte el lugar obligado donde se concierten citas, se barruntas noviazgos y, en cualquier caso, se pasan unas horas entretenidas antes de que la caida de la tarde aleje al personal hacia domicilios o teatros según el mayor o menor recogimiento de aquel.
El parque es espectáculo cotidiano que atrae a niños y mayores, algunos de estos últimos foribundos aficionados como aquel personaje expansivo que con el seudónimo de Conde Mezquita (léase Tur) escribía con evidente exageración: “Quien vio ayer e parque y no creyó en Dios y en Melilla tiene seguramente brumas en la vista…”.
Desde 1915, año en que se levanta el depósito de agua elevado, el parque, hasta entonces casi exclusivamente forestal, se transforma en superficie instalándose rocallas y parterres al permitirse el riego continuado escaso hasta entonces ya que anteriormente el agua se traía en poca cantidad de la presa del río de Oro junto al arroyo Farhana.
Aunque algunas ocasiones como la apertura de la calle del general Jordana (hoy Teniente Coronel Seguí) restó, por aquello de la moda, paseantes al parque, tal como había sucedido cuando se habilitaron las aceras de la calle Chacel (hoy Avenida), este nunca ha dejado de ser espacio frecuentado por un público heterogéneo que, fiel a su cita diaria con la naturaleza más o menos ordenada, acude reiteradamente a uno de los pocos lugares lugares de la ciudad que auna tranquilidad y espacios abiertos, tan necesarios y tan escasos en el mundo actual.
Podemos creer que en el futuro tanto como ahora el parque admirado por extraños más que propios, seguirá siendo el pulmón de Melilla, y que nuestros sucesores estarán persuasidos de la necesidad de su permanencia con el convencimiento de que solamente con él Melilla seguirá siendo Melilla.

Un mapa enterrado bajo sesenta años de historia



La figura de Rodilla vuelve del pasado para reclamar su lugar entre los artistas más destacados de la Melilla del siglo XX

El pasado 4 de febrero, el presidente de la Ciudad anunciaba públicamente el hallazgo en el Parque Hernández de un mapa de España en relieve enterrado a comienzo de los años cincuenta. Según los datos que manejaba entonces Juan José Imbroda, la obra estaba bastante deteriorada tras permanecer sesenta años bajo la pista de baile y sufrir algún destrozo por obras acometidas a lo largo de todo ese tiempo. Muy pocos sabían entonces que ese mapa es uno de los legados que se conservan en la ciudad de Vicente Rodilla, un escultor valenciano que desembarcó en Melilla en 1923 para prestar servicio militar en Ingenieros y prolongó su estancia hasta 1929. Aprendiz en el taller de Ponsoda y discípulo de Julio Benlloch, el artista no tardó en darse a conocer como escultor ni en ocupar plaza de profesor de modelado y vaciado en la Escuela de Artes y Oficios. Además de contraer matrimonio y tener un hijo, Vicente tuvo la oportunidad de demostrar su valía en Melilla con una serie de trabajos que el tiempo o la mano del hombre se han encargado de borrar.
La historia trata ahora, con Juan Díez y José Marqués a la cabeza, de recuperar su figura siguiendo las huellas que fue dejando en la ciudad. Uno de esos restos es el mapa construido en 1924 en la esquina del Parque Hernández situada entre la Avenida de la Democracia y la calle Luis de Sotomayor. Coincidiendo con las fiestas en honor a la Virgen de la Victoria, la obra vio la luz el 14 de septiembre. Aquel domingo, de noche, los asistentes al acto de inauguración contemplaron por primera vez un mapa de más de 36 metros cuadrados por cuyos ríos discurría el agua. Vicente Rodilla, ayudado por el director de la Escuela de Artes y Oficios, había reproducido la geografía española en un entorno diseñado para el disfrute de los melillenses. A su alrededor se había levantado una pajarera, un estanque, una pista para patines e incluso una jaula de monos.
Apenas cinco lustros sobrevivió la obra al paso del tiempo. Iniciada la década de los cincuenta, el mapa fue cubierto por una capa de arena y otra de hormigón. Nada puede salvarse ya de esa pieza, como tampoco de la placa esculpida en 1926 en honor del general Sanjurjo por el joven Vicente Rodilla.
El artista falleció en agosto de 1974 tras labrarse una brillante carrera como escultor y sembrar de imágenes toda la geografía española. Impulsor del mosaico en relieve, el valenciano reconocería poco antes de morir que lamentaba cada día no tener 25 años para realizar esa obra que todo artista sueña.


Para más información:
http://rafaelopezrienda.blogspot.com/ (Entrada de fecha 26 de febrero de 2010)
La farola del Parque Hernández


Primitiva localización de la Farola del Homenaje


Para honrar la memoria de quien fue principal creador del más importante de los parques del la ciudad, el general Venancio Hernández, se levantó una artística farola hace algo más de cien años en un lugar privilegiado del propio Parque. Y pasados algunos años esta simbólica columna de iluminación fue trasladada a un extremo del mismo Parque, donde pasa casi desapercibida para los melillenses.
La Farola y El Telegrama del Rif
Gracias al empeño del diario local El Telegrama del Rif, el Pueblo de Melilla pudo tributar un merecido homenaje a la memoria de Venancio Hernández y Fernández (1839 – 1904), el general de división que como Comandante General de Melilla y presidente de la Junta de Arbitrios, con su tesón logró transformar en Parque un paraje hasta entonces utilizado por los militares en sus ejercicios y donde además el vecindario arrojaba los residuos sólidos.
El Parque Hernández fue inaugurado en el mes de mayo de 1902.
El Telegrama pudo llevar a la práctica el sentimiento unánime de los melillenses hacía el general Hernández. Siendo el conde la Torre Alta, Jefe de Artillería y antiguo presidente del Casino Militar, quien ante la Junta de Arbitrios, primero tomó la iniciativa de levantar una columna conmemorativa. Más por su excesivo coste la idea no prosperó y quedó en suspenso. Pero al poco tiempo y una vez fallecido el general Hernández, inmediatamente El Telegrama retomó el tema que precisaba su resolución sin dilatación ante la nueva situación creada con la falta del general.
Pocos días después de fallecido Venancio Hernández, El Telegrama se preguntaba: ¿Habrá quien recoja y de forma a la idea de perpetuar la memoria del pundonoroso soldado? Este mismo diario en su edición del 17 de agosto de 1904 cediendo a reiteradas instancias, recoge la iniciativa y procede a su consecución: “El Telegrama del Rif que tal piensa, cree hacerse intérprete de los generosos sentimientos del noble pueblo melillense, abriendo una suscripción popular para erigir un sencillo monumento, que perpetúe la memoria del Excmo. Sr. General D. Venancio Hernández.
Desde la modesta suma de 10 céntimos a la cantidad de 2 pesetas como cuota máxima, admitimos con el indicado fin”.
A los pocos días este periódico a fin de facilitar la suscripción comunicaba la relación de los establecimientos en los cuales podían encontrarse listas para inscribir sus nombres los interesados, así como efectuar la entrega de las cantidades en metálico. En total fueron 11 los establecimientos repartidos por toda la ciudad, de ellos 2 en el Pueblo, 4 en el Mantelete, 1 en la Alcazaba, 3 en el Polígono y finalmente 1 en el barrio de Triana. Podemos mencionar que uno de estos establecimientos colaboradores, Casa Montes, aún sigue abierto al público.
El 20 de agosto de 1904 se publica la primera lista de la suscripción pro monumento al general Hernández, encabezando la relación Cándido Lobera, director de El Telegrama, con dos pesetas. En la segunda lista el popular oficial de Artillería José Barbeta también aportó la cantidad máxima: 2 pesetas.
Un día después los ejemplares de El Telegrama reproducen párrafos de cartas de adhesión al proyecto, pues son muchos los apoyos.
Transcurrido un mes de iniciada la suscripción pública, ésta ya había superado todas las expectativas, no obstante de estar abierta a todas las clases sociales y en ella primar la participación del mayor número de melillenses ante el importe de lo recaudado.
Terminada la Suscripción Pro Monumento al General Hernández, el 29 de noviembre de 1904 el Telegrama puso a disposición de la Junta de Arbitrios la cantidad de 649 pesetas con 50 céntimos, y una vez que el Municipio decidió admitir dicha suma, aprobó completarla hasta reunir 1.500 pesetas. Un dinero considerado suficiente para que el ingeniero de la Junta Presentara el oportuno proyecto.
Aprobado el boceto y tras cinco años de espera, por fin quedó emplazado el monumento, la farola, en homenaje a Venancio Hernández el día 17 de abril de 1909.
Instalándose esta farola en el paseo central, en una rotonda situada al final del Parque Hernández, sobre una base de tres escalones en cuyos extremos unas columnitas sostenían un simbólico cierre de cadenas.
Camino del olvido
Al igual que el templete de música y fuentes que fueron levantadas en el cruce del paseo central del Parque Hernández, la farola homenaje a Venancio Hernández no permaneció mucho tiempo en su primitivo emplazamiento. En los años treinta y al desaparecer la rotonda denominada de Riego, antes Plaza Hernández en honor al general, y posteriormente llamada Plaza Bandera de Marruecos. La farola fue trasladada a donde hoy se ubica, un extremo del Parque frente al edificio de la Comandancia General. Como si esta farola dedicada a honrar la memoria de un ilustre español, hubiera sido iniciativa tan sólo del estamento militar de Melilla.
Creemos que la pérdida de protagonismo de la farola en el periodo de la II República, sencillamente se debió a que homenajeaba a un militar y entonces al estamento castrense ideológicamente se le vinculaba con la Monarquía, la represión y los conflictos a veces gratuitos impulsados por los profesionales de la guerra para demostrar su valía. Aquellos republicanos olvidaban que la mayoría de los militares aborrecen las luchas; pero queriendo lo mejor para los suyos, para su país. Ofrecen su sacrificio, todo cuanto tienen, sus vidas cuando es menester. Mientras que en la paz y cuando surge la oportunidad saben aplicar con éxito su formación técnica y dotes organizativas, y porque no, talante humanista en provecho de una sociedad de la que son parte. Muchos han sido los ingenieros militares en Melilla, que desde el anonimato y durante muchos años han laborado dejándonos su obra. E igualmente, otros insignes melillenses incluso dejaron la milicia por su afán de servicio; nos referimos a Cándido Lobera, fundador y director de El Telegrama, y Pablo Vallescá, impulsor, fundador y presidente hasta su muerte de la Cámara de Comercio de la ciudad.
Así pues, la farola homenaje constituye para los melillenses un permanente testimonio de recuerdo hacía Venancio Hernández y esos otros muchos militares que día a día se esfuerzan por forjar una sociedad mejor.
Debemos recordar que el general Hernández además de crear el Parque que lleva su nombre, transformó en paseo lugar de recreo el Muro X, actual Avenida del general Macías, creó los barrios de Santiago, y Triana, y puso en marcha la idea de construir la Plaza de España. Fue todo un soldado de la Paz de quien Jaime Tur, fundador y director de La Gaceta de Melilla, alabó su modestia, caballerosidad sin límites y honradez sin el menor atisbo de mancha. Escribiéndose también en el Telegrama de fecha 17 de agosto de 1904: “Un título no consignado, agiganta la figura del general Hernández, y es, el haber sacrificado su ambición personal, el bienestar de los suyos, en aras de la Nación y de la vida del soldado. En más de una ocasión pudo romper las hostilidades con los fronterizos y en acción de guerra ganar el segundo entorchado y sin embargo, encontró formula para dejar bien puesto el nombre español sin recurrir a extremos que hubieran costado muchas vidas y no poco dinero a nuestra Patria”.

Cuando se cumple el centenario de la erección de la farola, desde estas líneas queremos recuperar la memoria de hombres que como Venancio Hernández y Fernández nos legaron la Melilla que hoy disfrutamos.




FUENTES
Este apartado es una combinación de los apartados de los mismos nombres de los libros HISTORIA GRAFICA DE MELILLA DE Juan Díez Sánchez y Francisco Carmona y ESTUDIOS MELILLENSES de Francisco Saro Gandarillas, http://rafaelopezrienda.blogspot.com/ (Entrada de fecha 26 de febrero de 2010)

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